Follabuelas (Parte II) - Los dos kinkis
Andaba contando hace unos días (hace unos días como concepto hace casi dos años) que los chachimoteros a los cuales C había vacilado sin piedad ninguna habían conseguido ser retenidos por las fuerzas del orden del instituto, no sin antes amenazarnos de muerte y esas cosas (a ambos, porque yo acabo siempre en todos los marrones).
Bien, prosigamos pues. Los sucesos, como dije, habían sucedido a la hora del patio, con lo cual C y yo teníamos cosa de dos horas para pensar en cómo salir de allí sin palmarla mucho, dado que teníamos la certeza casi absoluta que los condenaos nos iban a esperar fijo en la puerta (que esto es muy de insti: "A la salida nos vemos", y tú ya del plan "Claro que sí, machote, con Dios"). Yo estaba un tanto acojonado, la situación no molaba nada y lo último que quería era una bronca con vendezarzamoras, así que estaba de alterao pa arriba. Por otro lado, C, que era el principal objetivo del asunto, estaba la mar de tranquilo. No sé si sólo lo estaba aparentando o qué estaba pensando el tío, pero tenía pinta de que los huevos le iban deslizando por el suelo, porque cada vez que alguien le decía "Oye, tío, que te quieren dar una paliza, ¿Qué vas a hacer?" el contestaba con un "Bñegñaaaaa, no pasa na" o similar. Y luego, si agudizabas el oído, se oían sus cojones rebotando contra el suelo.
En fin, que los minutos pasaban y la cosa se iba jodiendo más. Sonó la alarma, recogimos y nos dirigimos a la puerta... y entonces me iluminé.
- C, tío, salimos por el párquing de las motos, que la salida está en ángulo muerto y no nos verán salir.
Y C tiene tienes unos huevos como dos Catedrales de Mi Señora del Carmen, pero tampoco es gilipollas, así que agradeció la idea y salimos, aprovechando el tumulto de la gente, padres y demases y xino xano (Sin prisa, pero sin pausa) nos fuimos a su portal, que estaba a 45 segundos del instituto (justo enfrente). Ya dentro y a salvo, me despedí y le dije que nos veríamos el próximo día (Y lo dicho, no es gilipollas, así que se metió pa casa cagando leches).
Yo, por otro lado, tenía que encontrar a mi padre, que me iba a venir a buscar, así que con disimulo me fui acercando a la puerta der insti to rexu a ver si le veía y salíamos cagando leches. Pero a medida que me acercaba, lo que veia me estaba dejando a cuadros.
Efectivamente, los proveedores de sulfato de la chota habían cumplido su palabra y estaban esperando en la puerta... pero la policia también. Así que allí estaban todos, con varios detenidos mientras la policia les iba sacando de los bolsillos cosillas y tal.
No me la jugué mucho y decidí irme sin intentar averiguar demasiado de más, pero tampoco hacía falta ser un genio que eso NO iba a ayudar a C la próxima vez que les diera por volver a por él, porque iban a estar mucho mucho mucho más encabronados...
[SALTO TEMPORAL DE LAS 14:00 A LAS 18:30]
Riiiiing, riiiiiiing, riiiiing...
¡Clic!
- ¿Diga?
- Racek, soy J.
- Dime, ¿qué pasa?
- Oye, ¿a C no le habían amenazado unos yonkis?
- Sí, ¿por?
- Porque están por el barrio con las motos un montón buscándole de arriba a bajo.
- La madre que... joder, joder, está jodido, voy a llamarla y le aviso, gracias J.
¡Clic!
Riiiiiiing, riiiiiing, riiiiing...
- Diga.
- Soy Racek, ¿está C?
- Si, ahora se pone.
...
- Dime Racek.
- Tío C, los moteros te están buscando por todo el barrio patrullando de arriba pabajo.
- Sí, lo sé.
- ¿Wat?
- Los estoy viendo desde el balcón de vez en cuando.
- Y... ¿qué estás haciendo?
- ¿Yo? Merendando sobaos con colacao.
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domingo, 7 de julio de 2013
domingo, 16 de octubre de 2011
Follabuelas - Parte I
Esta es, con toda seguridad, la historia más épica, emocionante, absurda y larga de todas las que he tenido el placer (o la desgracia) de vivir y presenciar.
La dividiré en tres partes para poder explicarla con todo lujo de detalles, porque merece la pena, y espero que os riáis tanto como me río yo cada vez que la cuento (es decir, cada vez que me entero de alguien que no la sepa), porque es realmente soberbia.
Sin más dilación, os dejo con la obra cumbre de todas las Historias Épicas Clásicas. Relajaos, disfrutad y reid (malditos):
Follabuelas (Parte I): La comunidad de los yonkis
Cuenta la leyenda que, tiempo ha, cuando yo era todavía joven e irreflexivo y C era un kamikaze de la vida, estábamos ambos en el patio del insti, en una de nuestras profundas e interesantes charlas sobre aspectos trascendentales de la vida:
- Slaking es una bestia en ataque, joder.
- Sí, pero con la habilidad de ausente pierde mucho. Si atacara cada turno....
- En dobles con un Alakazam y un Intercambio puedes solucionarlo.
- Sí, pero pierdes un turno bastante valioso.
Y cosas de un nivelazo parecido. Pues bien, estábamos en estas cuando de repente... bueno, esperad, aquí hace falta un mapa detallado y profesional del lugar:
![]() |
| Mapa detallado y profesional del lugar. Clic botón secundario + abrir en una nueva pestaña para ampliar |
Bien, ahora sí. Estábamos C y yo al lado derecho del árbol, cerca del perímetro vallado, estando yo de cara al árido descampado y C de espaldas a él. ¿Os situáis? Perfecto (si no, relee, coño, no hace falta un máster para entenderlo). De pronto, en medio de la charla, se oyeron varias motos haciendo el "brrrrooooom broooooooom BROOOOOM" tan chachiguay que hacen los tíos chachiguays para que el resto de mundo sepa que tienen una moto. Acto seguido, aparecieron en el árido descampado, desde varios puntos, varios chachiguays en sus respectivas chachimotos. C, alertado por el estruendo, se giró para ver de qué provenía y, al ver al grupito de chachiguays, se dio media vuelta y siguió hablando conmigo, pues no merecía la pena enfrascarse en ningún tipo de razonamiento verbal ("Perdonad, pero estáis en los alrededores de un espacio educativo público y superando con creces el límite de decibelios permitido en la calle y en la pista de aterrizaje de un Boeing 747. ¿Podrían vuestras mercedes conducir sus vehículos como gente normal?").
La historia, obviamente, podría haber acabado aquí, pero no fue así. Uno de los chachiguays decidió que había algo en la mirada de C que no le había gustado y se acercó a la valla (recordemos que, al haber un desnivel medio + la propia valla, en teoría estábamos fuera de su alcance) gritándole:
- ¡¡EH!! ¡¡EH!! ¡¡PAYASO!! ¡¿QUÉ MIRAS?! ¡QUE TE REVIENTO!
C, con la calma que le caracteriza, volvió a girarse para ver al chachiguay y qué carallo quería. Le miró (mientras éste le hacía así gestos con la cabeza, algún tipo de ritual de territorialidad, supongo) y le hizo un gesto con los brazos y la cabeza, como diciendo "¿Pero qué dices, gilicolgao?".
El chachiguay, ahora enfurecido, prosiguió con su recital de léxico amenazante:
- ¡¡Que te reviento payaso!! ¡¡Hijoputa!! ¡¡Te cogemos aquí entre todos y te matamos, cabrón!!
Y, ahora sí, C me enseñó la palma (gesto de "Un momento, ahora vuelvo"), se giró, y soltó un épico:
- ¿Qué te pasa a ti? Cállate anda, cállate.
Como movidos por un resorte, los chachiguays saltaron de sus motos y empezaron una lluvia de improperios (lluvia como sinónimo de cantidad, no de variabilidad, iban tirando de tres o cuatro palabras que combinaban a placer, sin verbos ni nada) a los cuales C contestaba sin quedarse corto.
Y entonces ocurrió. Comos si fuera a cámara lenta, se hizo un silencio de una fracción de segundo y C alargó el brazo dramáticamente hacía los chachiguays, mientras sus labias se curvaban para soltar la única cosa que jamás me habría podido esperar oír:
- ¡¡¡¡ FOLLABUELAS !!! ¡¡QUE SOIS UNOS FOLLABUELAS!!
Y entonces sí, los chachiguays entraron en formación de ataque y empezaron a lanzar piedras y troncos contra C (no dieron ni una. Pero ni una es ni una), mientras él seguía a su rollo.
- ¡¡Nananananana follabuelaaaaaaas!!
Uno de los chachiguays, encendido de furia, saltó y empezó a escalar la valla (Spidercani, spideeeercani...). Afortunadamente, el profesorado del centro había llegado y empezaron unos trámites burocráticos para apaciguar a los enfurecidos tíos chachiguays mientras retiraban a C de su alcance.
No obstante, la historia no había terminado, pues el Spidercani señaló con un dedo amenazante a C antes de que se fuera y le espetó un:
- Vamos a esperarte a que salgas de clase y te vamos a reventar.
Yo, disimuladamente, intenté escabullirme para retirarme junto con C, pero uno de los chachiguays me había fichado ya (pues yo había estado al lado de C intentando, en vano, hacer que parara de meterse con ellos):
- Y a ti también, joputa.
CONTINUARÁ...
En la próxima entrega: ¡Motos, ninjas y sobaos!
¡Hasta la próxima, zagales!
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